El presupuesto nunca se verificó contra un plan
Nadie puede decir para qué tarea era la plata. Entonces nadie se entera cuando una tarea sale el doble de lo que se supuso.
Building Pal deriva el costo real de una obra desde las tareas que la componen, lo convierte en un precio con margen, y después sigue ese número a través de la ejecución y de la inflación. Para constructoras en LATAM.
Una constructora presupuesta a ojo — a mano, en una planilla, por experiencia — y licita con ese número. Si gana, ese número es lo que va a cobrar, hito por hito, durante los próximos dos años.
Nadie puede decir para qué tarea era la plata. Entonces nadie se entera cuando una tarea sale el doble de lo que se supuso.
El presupuesto se aprobó en un momento y se ejecuta en otro. En una economía con inflación real, una obra que se atrasa seis meses puede perder el margen entero sin que nadie haya cometido un solo error.
Un material que se necesita en tres semanas se pide en un grupo de WhatsApp, la aprobación nunca llega, y la tarea se frena. «Te lo mandé» / «acá no llegó nada».
Cargás las tareas, sus cantidades y los recursos que cada una consume: mano de obra, materiales, subcontratos, equipos. El costo sale de ahí, a los precios vigentes del directorio. Cambiás el plan y el costo se mueve solo — que es exactamente lo que reemplaza presupuestar a mano.
Cada capa se recalcula desde su fuente, nunca se incrementa. Una orden de compra anulada retira su compromiso, porque el compromiso siempre fue una función de las órdenes — no un total corriendo que alguien se acordó de restar.
Los índices cargan series mensuales, cada precio guarda la fecha en la que fue cierto, y el costo se proyecta al mes en el que el cronograma dice que la obra efectivamente pasa. El presupuesto muestra valor-hoy al lado de valor-a-ejecución: lo que el atraso va a costar, antes de haber costado.
Y lo que la inflación se comió no se absorbe: se reclama. La redeterminación sale como documento, con la fórmula que fija el contrato.
El precio de oferta de la obra de demostración, proyectado al mes en que el cronograma dice que el trabajo efectivamente pasa. Misma partida, mismos recursos, mismas cantidades. Lo único que cambió es cuándo.
Lo que la obra necesita entra como requerimiento, con un responsable y con la tarea a la que va a parar. Se aprueba o se rechaza dejando quién y cuándo. Aprobado, es la única puerta a una orden de compra — y aterriza contra el presupuesto: si nadie lo había estimado, entra como no planificado y se lee como el sobrecosto que es, desde el momento en que se compromete.
El costo es lo que el trabajo pide. El margen es una decisión, y se toma por línea — tener el equipo propio puede significar a la vez mejor precio para el cliente y mejor margen para vos. El precio es lo que se licita. Confundirlos es exactamente cómo una constructora pierde plata.
Gastos generales, impuestos y margen arman el precio de oferta, y la oferta sale como documento: declarando el margen en una licitación pública, y callándolo frente a un comitente privado.
Cada peso de esta obra sabe de qué tarea salió, a qué precio, de qué fecha, y quién lo aprobó.
No es un reporte que alguien arma a fin de mes. Es cómo está guardado el número.
Trece módulos conectados por la estructura de partidas del presupuesto. Cada uno dice en qué estado está de verdad: nada acá afirma existir sin existir.
Organizaciones, membresías, roles, permisos, módulos y planes.
Clientes, trabajadores, cargos, subcontratistas, proveedores, equipos y materiales, con sus precios fechados y los papeles que cada uno tiene que tener.
El ciclo de vida de la obra, su membresía, su padrón de proveedores, su moneda y su zona.
La estructura de trabajo: cantidades, dependencias, ciclos y los recursos que cada tarea consume.
Del plan al libro mayor: códigos de costo, las cinco capas de gasto, precios y congelamiento.
Margen por línea de presupuesto, gastos generales, impuestos y el precio de oferta.
Series de índices, escalamiento a la fecha de ejecución, redeterminación.
Lo que tiene que ser cierto antes de que una tarea pueda empezar.
Lo que la obra pide; la única puerta a una orden de compra.
El padrón de proveedores del proyecto, órdenes de compra, comparación de proveedores, remitos y pagos.
El contrato, sus hitos, certificaciones, anticipos, retenciones y órdenes de cambio.
Notificaciones agnósticas del canal, documentos generados, reportes periódicos.
La app de campo, offline-first.
La configuración y las finanzas viven en la web. La captura, la evidencia y las aprobaciones viven en el teléfono. La API expone las dos.
Planificar obras, derivar y valorizar presupuestos, licitar, comprar, certificar y analizar.
Pedir lo que la próxima tarea necesita, aprobar, reportar el día y registrar avance con evidencia fotográfica. La obra no tiene señal y no va a esperar a tenerla: se captura sin conexión y se sincroniza después.
Integración con contabilidad y liquidación de sueldos; todo lo que hacen las otras dos superficies.
Las mismas respuestas que damos por teléfono, incluida la del precio.
No. El costo se deriva de lo que cargaste y crece con el plan: media docena de tareas ya te dicen más que la planilla, porque cada número tiene una tarea atrás. Cargar la obra entera es lo que te da la precisión con la que se licita.
La planilla no sabe de qué fecha es cada precio ni qué tarea consumió qué. Cuando el cronograma se corre seis meses te devuelve el mismo número; acá el costo se reproyecta al mes en que el trabajo pasa de verdad, y la diferencia queda escrita al lado.
Hay un plan gratuito, acotado, para arrancar y ver si te sirve. El plan completo es uno solo y se acuerda hablando con alguien del equipo: todavía no se paga desde acá, y no te vamos a pedir una tarjeta para entrar a la lista.
Cada proyecto lleva su moneda y su zona, y los índices se cargan como series, no vienen fijos. Estamos abriendo por país: Argentina, México, Chile, Colombia y Perú.
Cada organización es un espacio separado, y adentro el acceso se define por rol y por módulo: quien compra no ve el margen si no le corresponde. Nada se comparte entre empresas.
No. Todo lo que ves en esta página corre en la web, hoy. La app de campo está en camino y la web no la espera: podés planificar, presupuestar, licitar y comprar sin ella.
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